El método Pikler

Si prestáramos más atención a las señales e iniciativas de los niños, apoyando su sentimiento de capacidad y competencia, podríamos criar niños más tranquilos con menos problemas, niños que sabrían de manera más precisa qué les interesa y lo que necesitan. Podrían jugar de manera más autónoma. Tendrían una buena relación con sus madres y otros adultos, una relación humana positiva que empieza por la adaptación mutua.

Con este tipo de relación como base, la adaptación del niño a la sociedad sería un proceso saludable con menos conflictos. La vida emocional sería más rica y más equilibrada y el ajuste social más satisfactorio. Todo esto eliminaría la necesidad de muchas medidas educativas correctivas y haría innecesaria la intervención somática

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